Ey, Carlos

Jazmín Ruso

Cuatro adolescentes graban un video casero para su amigo Carlos, “para que no se sienta solo”. Cada uno le muestra lo suyo: Niki baila ballet, Tony intenta un truco de skate y Maya toca un solo de batería desastroso. Pero la sorpresa final de Coquito —una pintura de Carlitos cuyos trazos se derraman sobre la realidad— revela la verdadera razón del video: lo que parecía un juego es la forma en que estos niños, con las herramientas que tienen, aprenden a decir adiós sin dejar de decir “Ey, Carlos”.

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