Una oficinista, pintora frustrada que nunca hizo carrera en el arte, llega un domingo a la oficina creyendo que es un día laboral cualquiera. Conforme avanza su rutina —computadora, pizarra, documentos, almuerzo, cigarro— empieza a descubrir rastros de arte que ella misma ha hecho sin darse cuenta. Un sonido cotidiano que siempre ignoró la lleva a bailar sola, al descubrir que es domingo, se sienta, enciende un cigarro resignada de lo ocurrido.