En un barrio silencioso, donde todas las casas parecen iguales, Tomás comienza a notar algo extraño en la casa contigua. Un hombre permanece inmóvil, observando siempre hacia la misma dirección: la medianera. Esa misma noche, golpes comienzan a escucharse dentro de las paredes. Una respiración. Algo que no debería estar ahí. Lo que inicia como una inquietud se transforma en una presencia constante, invisible, que parece moverse entre los espacios… y entre las personas. A medida que la percepción de Tomás se distorsiona, la línea entre el interior y el exterior desaparece, arrastrándolo hacia una realidad donde observar también significa ser observado.